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Política

Unanimidad para Farías, el día que la política puso en pausa la grieta y los desafíos para los diputados

“El exceso en legítima defensa es delito”. Esa era la broma que circulaba en la Legislatura santafesina después de la catarata de elogios que recibió Pablo Farías al ser reelecto en la presidencia de la Cámara de Diputados. Se referían a la posibilidad de que tantas alabanzas vertidas puedan volverse en contra cuando transcurra el año legislativo. Pero esa será otra historia. Por ahora, el ex ministro de Gobierno pudo salir airoso probablemente en el año más complejo de su vida política.

“Si un porcentaje de lo que me han dicho es cierto, soy sólo un Salieri de Hermes Binner y Miguel Lifschitz, porque he aprendido de esos dos grandes maestros muchas de las cosas que trato de imitar”, fue la respuesta que hilvanó al comenzar su discurso de agradecimiento.

Humildad, equilibrio, apertura al diálogo, buen gestor, fueron algunas de las palabras que repitieron los referentes de los distintos bloques antes de aprobar por unanimidad su continuidad en el sillón en el que sucedió al ex gobernador socialista fallecido hace menos de un año.

Y aunque la sesión preparatoria en la que fue ungido centralizó discursos con alabanzas poco escuchadas en la política de estos días, no pareció haber en ese acto otra cosa que un reconocimiento al trabajo del último año, el de las vacunas y el barbijo.

Quienes conocen el paño afirman que esta no es una práctica inusual. “Si no hay disputa por la presidencia, es habitual que se cierre el apoyo de todos los bloques. Después, el tenor de los discursos es cortesía de cada uno”, comentaron algunos legisladores de varias gestiones.

En este caso hubo apenas un amago de disputa por la presidencia que no llegó muy lejos por parte de Maximiliano Pullaro, pero los votos de afuera de su bloque se inclinaron por el presidente que comandó la Cámara cuando sucedió a Lifschitz.

No faltó nadie a la hora de tirar flores a la gestión de Farías. A derecha y a izquierda, bloques grandes y hasta los más chicos, que abundan en la Cámara, reconocieron su predisposición por atender a todos. Incluso se permitió una humorada Amalia Granata, dejando explícito que recibía una respuesta que la sorprendía, a pesar de haber arrancado con algún cortocircuito la relación con el ahora reelecto presidente.

El balance que justificó tanta efusividad detrás del nombre de Farías no parece menor: tuvo que ponerse al frente de la Cámara tras la muerte sorpresiva de Lifschitz, sesionó durante la pandemia, administró la salida del bloque de Pullaro sin grandes inconvenientes, y manejó la atomización política que caracteriza a las representaciones en la Cámara.

La gestión de Farías también tiene pocos reproches por parte del Poder Ejecutivo, que para colmo casi no tiene referentes propios entre los diputados de su mismo sector político. 

El gobierno de Omar Perotti puede poner en la cuenta de Diputados la aprobación de los proyectos de conectividad, presupuesto (a diferencia de lo que pasó a nivel nacional), ley tributaria y convenio con el Anses.

La gestión de Farías también tiene pocos reproches por parte del Poder Ejecutivo, que para colmo casi no tiene referentes propios entre los diputados de su mismo sector político

Los legisladores resaltaron un cambio relevante puertas adentro del recinto: el manejo con el personal y la decisión de que —a diferencia de otros momentos— primero se fundamente y debata y después se voten los asuntos a consideración.

En los discursos con los que se anunció el apoyo de las diferentes bancadas se destacó su condición de militante político. Para los que se sientan en la mesa chica, es más que eso: es el más pragmático de los socialistas actuales y un confiable para el resto, algo que se valora más cuando existen tantos intereses contrapuestos.

Su reelección fue el revés de una campaña: primero lo eligieron y después prometió lo que va a hacer este año. Y en ese punto no anduvo con vueltas: ratificó su impronta de construir consensos y acuerdo útiles, y propició que en la Cámara Baja “se hablen los temas que en otros lugares no se hablan. La política —reafirmó— no debate o debate muy poco, porque eso implica escuchar”, resaltó.

Entre los temas pendientes para el 2022 puso la vara alta: dialogar con el Senado para convertir en ley varios proyectos que tuvieron media sanción pero quedaron varados en la otra Cámara, como los referidos a Salud, Educación o la ley de Educación Sexual Integral (ESI).

Se pronunció también a favor de dar respuestas legislativas al tema más acuciante en la provincia que es la seguridad, y dar un debate que desafía al Senado, como es replantear las potestades de poder disciplinario de los fiscales, sosteniendo que tiene que haber controles cruzados entre los poderes del Estado.

También propuso avanzar en temas como el lavado de activos y la autonomía municipal, y no dejó pasar el polémico asunto de la reforma de la Constitución provincial. “Hay que encarar ese proceso con un horizonte cercano a los problemas de la gente y no como un problema del Estado”, planteó.

Al final del año, todos los que elogiaron su reelección y hasta se disputaban por ver quién era más preferido de Farías, en un clima de distensión pocas veces visto en la Cámara, podrán decir si hicieron lo correcto, como están convencidos ahora, cuando piensan que el 2022 será el año para concretar tantos desafíos, porque es el post pandemia y post elecciones intermedias. Imaginan nada menos que se podrá avanzar en grandes acuerdos que se materialicen en leyes que trasciendan el tiempo de estos mandatos. 

Mientras, al menos fue un ejemplo de madurez política que resalta en tiempos de tanta división y grieta. Y tal vez, como se dijo en la sesión, “Miguel desde el cielo, estará aplaudiendo”.

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