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Política

Unicameralidad: Michlig les redobla la apuesta a Granata y Mayoraz

El proyecto de unicameralidad no está habilitado para la reforma de la Constitución de la provincia de Santa Fe, sin embargo ha logrado ser instalado por una parte de la oposición, exactamente por la porción de los sectores que no votaron la Ley que luego fue promulgada con el número 14.384.

Esa norma tiene dos palabras relevantes: se declara la “necesidad” de una reforma que será limitada a ciertos puntos y por eso es “parcial”. Y entre los asuntos a revisar, además de la reelección que quiere el gobernador Maximiliano Pullaro, y de muchos otros temas, no está en discusión la naturaleza del Poder Legislativo.

Entre chicanas desde la oposición de derecha y extrema derecha, que se apoyan en el exitoso discurso “anticasta”, e ingeniosas respuestas que se produjeron esta semana desde el centrismo oficialista, el debate tiene al menos aristas interesantes.

Obviamente, por ahora no puede pensarse (aún con las proyecciones más optimistas de los críticos de la reforma) un escenario plausible para que la Legislatura, de bicameral —Diputados y Senadores—, pase a tener una sola Cámara. Significaría una Convención reformadora a contramano de la ley que la ha creado, y por ello un conflicto institucional serio. Hoy no parece posible.

Debe decirse que más allá de los cruces entre Felipe Michlig como primera voz del oficialismo (habrá que ver si como solitario quijote o como vanguardia de una posición buscada por la Casa Gris) por una parte, y por Amalia Granata y Nicolás Mayoraz por otra, tiene antecedentes en el proceso de sanción de esa ley.


Repaso breve


En el amplio consenso que sancionó la necesidad de la reforma parcial los que hoy piden unicameralidad pueden decir que no fueron parte, que no suscribieron sus 16 artículos, y que incluso fueron a la justicia en busca de anular el carácter restrictivo de la norma. La posición de la derecha celeste y de la extrema derecha libertaria se puede reconocer en distintas bancadas de la Cámara de Diputados, bajo el disminuido bloque que encabeza Amalia Granata, que nació con 6 integrantes y ahora tiene solo 4, y que auspició nuevamente la llegada de legisladores ultra religiosos, conservadores más moderados, a adherentes al gobierno nacional en todos los planos y también a quienes poseen el sello que la ha hecho dos veces diputada provincial: Unite.

La norma que define qué se puede y qué no se puede reformar, que establece plazos pero que no dice cuándo ni dónde serán las deliberaciones de la Convención, es producto de un consenso que va bastante más allá del frente que gobierna Santa Fe.

El primero en hablar de reforma constitucional en la provincia, al día siguiente del triunfo de Maximiliano Pullaro, fue quien por entonces sonaba como ministro de Gobierno: el senador por San Cristóbal Felipe Michlig que finalmente no dejó la Cámara de Senadores y fue votado por sus pares como presidente provisional.

Dijo medio en broma y medio en serio que faltaba solo un puñado de votos para que el oficialismo tenga ley de reforma de la Constitución. Pero el consenso que finalmente se alcanzó fue bastante mayor que el poroteo de base. 

Entre quienes quieren cambios a la Carta Magna hubo otros apoyos además del frente de frentes que contiene al radicalismo en sus tantas variantes, al socialismo y su interna a la vista, y lo mismo al macrismo y a los “patistas” de la ministra Bullrich en el PRO. También levantaron sus manos diputados del Frente Amplio por la Soberanía (que como el otro extremo ideológico también votó dividido). Hasta dos diputados que llegaron con Granata suscribieron la posición reformista (y fueron expulsados del bloque).

Pero lo más importante es que, como contrafigura a Maximiliano Pullaro, resurgió su antecesor, el ex gobernador Omar Perotti, que asumió el rol principal del peronismo en la Cámara de Diputados al negociar con habilidad un lugar en los tres nuevos nombres para la Corte y cada uno de los asuntos a reformar. De todos modos, es cierto, luego no pudo (o no quiso) trasladar esa fuerte jugada al interior del Partido Justicialista. Se hizo a un costado y su ausencia en las listas de candidatos a convencionales del peronismo es un dato fuerte. No están tampoco los suyos ni con el extrapartidario Juan Monteverde que va por dentro del PJ, ni con el ex competidor de Pullaro a la gobernación Marcelo Lewandowski, que otra vez se medirá a nivel provincial.


Dos Cámaras, un Poder


La Constitución a reformar ha hecho, junto a la clase política santafesina, que Santa Fe cuente con una calidad en sus instituciones que ciertamente no existe o se ha perdido a nivel nacional. Y el juego de pesos y contrapesos republicanos que dispone no está solamente en la existencia de dos cuerpos representativos, uno del pueblo y otro de los 19 departamentos, también está presente en los mecanismos para la sanción de las leyes. Incluso, en lo que ha previsto para las revisiones de una a otra cámara. Y hasta en los extremadamente amplios fueros para los legisladores que ni siquiera pueden ser imputados sin autorización de sus pares. Salvo esto último, tan fuera de época, lo demás no se modificará. Hay sí, una promesa de limitar los mandatos, cosa que habrá que ver si realmente sucede según lo que se vea en las urnas.


Semana picante


Pese a que la orden desde los estrategas del gobierno es “no hacerle el juego a Amalia” (Mayoraz mide menos que el sello La Libertad Avanza), Michlig es un apasionado de los debates y no va a privarse de decir sus verdades.

Por algo se quedó en el Senado para mantenerse en otro poder, y también para cuidar los intereses del gobernador en la Legislatura, que es lo mismo que cuidar los del radicalismo santafesino que preside.

Si Granata dice que “en el Senado está la casta”, Michlig no duda en recordarle que para hablar así debería vivir en Santa Fe. Uno de sus pares en el Senado, recién llegado pero de discursos políticos consistentes, dijo que para saber dónde reside un dirigente hay que preguntarle a qué escuela van sus hijos. Los dichos de Esteban Motta (San Martín) parecen una suerte de sugerencia para la prensa. Otra parte de las críticas celestes y libertarias es —a tono con las diatribas del presidente Milei contra los “periodistas ensobrados”— sobre el presupuesto publicitario del Estado provincial. Se trata de unas quejas que en parte recuerdan también los cuestionamientos del kirchnerismo a los medios, con la pauta como mecanismo de direccionamiento editorial.



Cuestión de números


En la última sesión del Senado, Michlig redobló la apuesta. Desafió a los impulsores de la unicameralidad a preguntarle a los ciudadanos partidarios de esa idea “¿ Y qué Cámara les gustaría cerrar? ¿La que tiene 19 bancas o la que posee 50?”. “Con el cierre de qué Cámara se podría ahorrar más”, chicaneó. Y no se privó de comparar el presupuesto de los diputados con su equivalente en obras: diez puentes Santa Fe-Santo Tomé que podrían hacerse por año.

Antes Motta había recordado que en la Cámara baja 10 departamentos no tienen ningún representante y que no hay federalismo sin Senado.

Michlig no le teme al barro. Si Granata busca instalar la idea de que los senadores tienen caja propia con subsidios que rinden mucho más cuanto menor es la población de un distrito, el radical le responde a la “dipuvaga” con los beneficios especiales en subsidios que le llegan como presidenta de bloque (los “fuco” cuyo destino “no se sabe”). Por primera vez se le devuelve a la legisladora celeste un tipo de críticas de las que ella sabe propinar.


¿Un mensaje puertas adentro?


Más allá de la polémica que buscó instalar Granata y que Michlig se ha mostrado dispuesto a dar, con argumentos como por ejemplo “cuántos de los 50 diputados son conocidos por los votantes”, sus palabras deben causar también cierta incomodidad entre los diputados del propio oficialismo.

¿Puede haber en parte un mensaje puertas adentro del propio frente de frentes por parte del senador Michlig para que nadie tome en serio las ideas de la unicameralidad?

En rigor, no hace tanto tiempo, cuando el Frente Progresista, Cívico y Social con el gobernador Hermes Binner llegaba al poder, terminaba con la hegemonía justicialista en el mapa de la bota de 1983 en adelante y encima era electo como el primer gobernador socialista del país, el ex intendente de Rosario planteaba la unicameralidad y confrontaba con un Senado que tenía cómoda mayoría del PJ.

Hoy el socialismo no tiene voceros oficiales de la unicameralidad pero el enojo que ha mostrado con el tema uno de los creadores del frente de frentes avienta cualquier chance de reflotar aquellas ideas, por las que nacieron las cinco regiones de las que hoy no quedan ni las oficinas.

Luego, en tiempos de Antonio Bonfatti, que eligió tanto como ministro de gobierno y como gobernador la búsqueda de consenso con los senadores de la oposición, llegaron los dos instrumentos que les dieron más independencia: la boleta única que terminó con el efecto arrastre del gobernador (propio de la boleta sábana) y el millonario Fondo de Fortalecimiento Institucional del Senado que logró exactamente eso: darles poder a las 19 bancas.


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