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Zona Núcleo

Entre el Estado y las exportadoras, ¿qué lugar ocupan y en qué piensan los productores?

Durante los últimos años la grieta adoptó el idioma del campo. Desde el gobierno especulan ante los medios con subir las retenciones, para contener el aumento de precios de los alimentos, y desde una franja del sector sobrerreaccionan ante cualquier iniciativa de regulación. La confusión nace de ambos lados de esa grieta: desde la Mesa de Enlace, que agrupa a las cuatro entidades principales de productores, autopercibiéndose como los voceros naturales; y desde el gobierno, mezclando los actores y creyendo que esa minoría representa a la totalidad.

El conflicto volvió al ruedo a partir de la liquidación de granos por parte de las exportadoras. Digamos que es la rendición de las ventas externas ante el Estado, la “vacuna” de dólares que todos los años ingresa fuertemente entre abril y junio, el trimestre dorado, cuando se liquida la mayor parte de la soja. El Estado recauda a través de las retenciones. Como se dijo, son las exportadoras, un puñado de empresas principalmente multinacionales, las que ingresan los dólares de la venta de granos que previamente les compraron a los productores. Estos solo deciden venderles o guardar los granos en cooperativas, acopios privados o silobolsas en función de sus necesidades.

Hoy, con un tercio de la soja y un quinto del maíz cosechados, el rendimiento de la soja, el principal cultivo, promedia los 30 quintales por hectárea y se calcula un total final de 43 millones de toneladas. Respecto al inicio de la campaña, la sequía redujo el estimado final en casi 10 millones de toneladas. Aunque los precios compensan las pérdidas: este año la soja trepó 80 dólares la tonelada y 260 comparada a un año atrás; el maíz subió 70 dólares en 2021 y 125 interanual. Eso implica exportaciones por 33.613 millones de dólares, alrededor de 10.000 millones más que el año pasado. En retenciones le ingresarían al Estado algo así como 8.600 millones de dólares. Es el mayor monto desde el 2011/2012.

Pero no todos se entusiasman por igual. Hay una diferencia clave entre los actores de la cadena: una cosa es el propietario, el dueño de la tierra, y otra es el productor, que la pone a trabajar. A veces pueden coincidir en una sola persona pero no siempre. De hecho, en la zona núcleo pampeana el 70 por ciento de los campos se trabajan bajo alquiler. Una segunda diferencia: no hay un solo tipo de productor. Aunque hay un punto de referencia: todos necesitan obtener un rendimiento que cubra costos y deje un beneficio para continuar la actividad.

La grieta y la brecha

Según la Cámara de la Industria Aceitera de la República Argentina (Ciara) y el Centro de Exportadores de Cereales (CEC), que agrupa a las exportadoras, en abril las empresas liquidaron 3.031 millones de dólares, el monto más alto en los últimos siete años. En el primer cuatrimestre del año, la cifra alcanza los 9.745 millones de dólares. Son ingresos fundamentales para frenar el ritmo mensual de la devaluación y que el Banco Central (BCRA) recomponga reservas. Aunque la velocidad de la inflación frustra las expectativas del esquema económico, solo cabe imaginar qué sucedería sin esas divisas.

Es acá cuando aparece el gran problema: la brecha. Es decir, la diferencia entre el dólar oficial y las cotizaciones alternativas que, en los hechos, implican la existencia de dos economías paralelas. Es, a su vez, la madre de todas las especulaciones. Por más romantizaciones o criterios de rigor analítico que se impongan, se trata de la viabilidad o no de invertir, levantar cosecha, comercializarla y, finalmente, que esa rueda vuelva a comenzar.

El contexto parece inmejorable: la cotización de soja en Chicago mostró un alza por once meses consecutivos. Solo en tres ocasiones los precios escalaron por encima de los 555 dólares la tonelada. En mayo de 2008, acarreando siete meses de subas, llegó a 588 dólares la tonelada; en junio de 2012, con tres meses de alzas, alcanzó el máximo histórico de 646 dólares la tonelada; y en marzo del 2014, con tres meses de suba, llegó a 556 dólares la tonelada y después se desplomó. Pero en el mercado local, el productor recibe pesos.

Del precio de Chicago, la retención queda para el Estado y el exportador se la descuenta al productor. En una hectárea, de cada 100 pesos producidos, alrededor de 67 van a impuestos. A su vez, la brecha impacta como una segunda retención, ya que la liquidación de ventas es a dólar mayorista. Pero, al recibir pesos, para pasarlo a dólar, la referencia es el dólar MEP o financiero. Al mismo tiempo, el ritmo de devaluación corre detrás de la inflación y “retrasa” el tipo de cambio. Si bien la mayoría de los productores no salen a comprar dólares, es un indicador de cómo un mismo precio tiene varias capas.

En la región pampeana, el alquiler de una hectárea puede estar entre 10 y 20 quintales. Con rendimientos variables según la geografía, los propietarios de la región más productiva gozan de un diferencial de renta que pueden volcarlo al dólar, ampliando la brecha, que repercute negativamente sobre el negocio del productor. Es ahí que aparecen las vías paralelas. Se suele plantear que alrededor de un 30 por ciento de la producción se negrea “culturalmente”. Eso también hace a la política del sector.

¿Vender o no vender?

La idea de un campo homogéneo supone, al mismo tiempo, la idea de una rentabilidad y comportamientos homogéneos. Pero son varios los vectores que configuran la lógica de los protagonistas. Al momento en que la cosechadora entra al lote, el productor tiene en la cabeza el “puente productivo” para la próxima campaña. Es decir, considerar alquileres, gastos de estructura, escenario de siembra, laboreos y compra de insumos.

No solo los alquileres aprovecharon el ciclo alcista del precio internacional de las commodities. En los últimos meses, los fertilizantes tuvieron una importante suba de precios. Eso puede implicar menos inversión y, por ende, una menor devolución de nutrientes. El nitrógeno, el fósforo o el potasio son recursos estratégicos que hacen al rendimiento de un negocio particular, pero también a la sostenibilidad del patrimonio nacional. Algunos de los fundamentales, como el fósforo, son importados e insustituibles.

Los agroquímicos también están alrededor de un 10 por ciento más caros que en diciembre, por el mejor poder de compra de los granos y por el aumento de los principios activos chinos. Cuando el productor reduce su manejo nutricional o no se actualiza, las pérdidas pueden ser de entre el 20 y 30 por ciento del rendimiento en trigo y del 20 al 35 por ciento en maíz. En soja, el daño puede llegar a los 7 quintales por hectárea.

Este año, la escalada de precios no fue acompañada por la productividad. Esto implica un achicamiento del resultado, que pasa a ser disputado entre los actores de la cadena. En otras palabras: cambian los términos de rentabilidad y se intensifican las disputas intrasector, lo que genera un escenario de mayor cautela. En consecuencia, el productor busca la eficiencia al administrar costos y afina el cuadro de financiación.

El mecanismo más seguro es el del canje por granos, que permite diferir el IVA evitando los descalces. Se vende el trigo y el maíz, y se deja la soja como ahorro. Esta modalidad abarca cerca del 50 por ciento de la comercialización. Por eso, guardar el grano es un ahorro, una protección ante la incertidumbre y un reaseguro para la reproducción de la actividad. Cumple todas las funciones de una moneda “dura”. La decisión de venta mira la diferencia recibida y cómo se inserta en la planificación financiera.

Las declaraciones públicas muchas veces perturban una situación que amerita negociación política y acuerdos estructurales. De esa forma, la grieta política alimenta la brecha cambiaria, y los costos recaen principalmente sobre la producción. El beneficio se va en recaudación estatal y rentas de la tierra, dándole una nueva rosca al enfrentamiento entre partes. Más que de causas y consecuencias, hablamos de fenómenos que están mutuamente implicados. Y en medio de una crisis inédita, si faltan las definiciones estratégicas, es muy fácil caer en el sálvese quien pueda.


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Autor

  • Lucas Paulinovich

    Hace periodismo desde los 16 años. Fue redactor del periódico agrario SURsuelo y trabajó en diversos medios regionales y nacionales. En Instagram: @lpaulinovich.

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