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Economía

Comprá campeón: el programa económico entra a boxes

“Comprá campeón, no te lo pierdas”, desafió el ministro Luis Caputo a quienes ven que el dólar está artificialmente atrasado. Y le hicieron caso. La demanda de divisas provocó una escalada en la cotización y la depositó plenamente en la franja superior de la banda de flotación fijada en abril pasado.

La percepción de que el último cambio de régimen cambiario construido tras el abandono de la tablita y el acuerdo con el FMI entró a boxes se terminó de confirmar con el lapidario informe del JP Morgan. El banco de inversión recomendó a sus clientes dar un paso atrás en el carry trade, que es el motor de la gestión del superministro desde el inicio de los tiempos.

Con economía verbal, la vocera del Fondo sumó algo más de incertidumbre. Reforzó la importancia que tiene para el acreedor más relevante de la Argentina la acumulación de reservas, y evitó dar pistas sobre el desembolso de 2 mil millones de dólares pendientes del préstamo de 20 mil millones otorgado al gobierno para salvarlo de una crisis cambiaria y financiera.


Gracias y perdón


En forma inédita, el FMI adelantó 12 mil millones de dólares de ese programa y prometió desembolsar otros 2 mil millones contra el resultado de la revisión de metas macroeconómicas comprometidas por el gobierno nacional. A eso vino una misión técnica hace poco más de una semana y en eso están las principales espadas del equipo económico que viajaron en estos días a Washington. 

El gobierno se ufana de haber cumplido el 99 % del examen, incluido el sobresaliente en ajuste fiscal, a pesar de que cada vez tiene más problemas políticos con eso. Pero tuvo que pedir un perdón por no cumplir la exigencia fundamental, que es la acumulación de dólares en el Banco Central para asegurar el cumplimiento de la abultada deuda generada con el organismo y los distintos tipos de acreedores privados que esta gestión supo ganar.

Obsesionado por llegar a octubre con un índice oficial de inflación por debajo del 2 % mensual, el gobierno nacional decidió sostener el tipo de cambio como ancla nominal y se limitó la capacidad del Banco Central de comprar dólares para no meter presión que derive en aumento de precios. En reemplazo, flexibilizó condiciones para el ingreso y egreso de capitales golondrinas y alquiló reservas a un costo financiero muy alto. Pero pasó el trimestre de oro, el de la liquidación de la cosecha gruesa, sin que un dólar de ese proceso fuera a parar al organismo monetario.

La oferta de baja temporal de retenciones a las exportaciones agrícolas que abrió el gobierno a principios de año, a modo de nueva versión del dólar soja, terminó el último día de junio. Los resultados, en términos de ingreso de divisas, no fueron malos. El presidente de la Cámara de la Industria Aceitera de la República Argentina (Ciara), Gustavo Idígoras, destacó que hubo “cinco meses muy buenos” con un ingreso de divisas 23 % por encima del mismo período del año anterior. Solo en los últimos tres días del “período especial” se presentaron declaraciones juradas de exportación por el equivalente a 2.700 millones de dólares. Esos anticipos aseguran un remanente de ingresos importante para julio. ¿Y después? “El flujo de venta de granos va a caer sensiblemente, el volumen se va a resentir, va a ir a la baja”, explicitó el ejecutivo.

Según sus propios cálculos, hay pendientes de venta en el mercado unas 22 millones de toneladas de soja y unas siete u ocho millones de maíz, por un valor estimado de 15.000 millones de dólares. Su velocidad de liquidación dependerá del precio o del tipo de cambio.

Mientras boqueaba en la Universidad Austral, Caputo blanqueó un cambio de táctica que ya había anticipado en sordina hace algunas semanas: el Tesoro podría salir a comprar dólares dentro de la banda cambiaria. En su mundo de significados difusos, en el que el default es reperfilamiento y el endeudamiento por 20 mil millones de dólares una operación neutra para rescatar papelitos del Banco Central, esta movida no tendría el mismo efecto inflacionario que si lo hiciera la autoridad monetaria.

Pero ya no hay tantos que crean los trucos de Caputo, empezando por sus antiguos empleadores del JP Morgan. Si el balance cambiario no cierra, tampoco está claro que la desaceleración en la suba del IPC esté asegurada. De hecho, se espera que la medición de junio esté por encima de la de marzo, al ritmo de precios duros de matar con la recesión, como alquileres, tarifas y combustibles.



La ola polar


La presión sobre el costo de vida se elevó esta semana con la decisión del gobierno nacional de liberar el precio de la garrafa de gas en plena ola de frío. Una vez más, la demanda extraordinaria de combustible fósil desnudó falta de previsión, el efecto de la paralización de obras claves y, por primera vez en años, problemas de producción en Vaca Muerta. Un episodio que invita a un zoom más cercano sobre lo que está pasando en el enclave saudita patagónico que alimenta los sueños de petrodólares, en materia de actividad e inversiones. Sueños que también están detrás del desaforado fallo de la jueza neoyorquina Loretta Preska a favor de traspasar la mayoría de las acciones clase D de YPF a fondos buitres.

El laberinto de conexiones económicas llevó estos interrogantes a la Feria Internacional de la Alimentación Rosario. Allí, un proveedor local de equipos y máquinas para grandes emprendimientos gastronómicos que logró subirse al tren de la demanda para emprendimientos petroleros y mineros advirtió sobre una desaceleración de los negocios en ese rubro.

Fiar, la tradicional muestra que fue creada a fines de los 90 con la intención de internacionalizar al cluster local de fabricantes de tecnología para la industria alimentaria, revivió aquel clima de época.

La feria destacó por la solidez de su puesta, la cantidad de visitantes y la intensidad de sus actividades. Pero también por el clima de cautela que invade a las empresas de la región. “Los expositores responden y ponen todo para mostrarse porque valoran la herramienta, no porque les esté yendo bárbaro”, señaló su creador, el presidente de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (Came), Ricardo Diab.

La preeminencia de los productos alimenticios sobre las maquinarias fue indicativa de la coyuntura industrial. Los fierreros del sector sienten más el parate inversor, la creciente competencia importada y las dificultades para exportar. Hay un negocio que destaca por su dinamismo: el de la venta de equipos para pequeños puestos de venta y emprendedores. Obedece a una tendencia estructural mezclada con las estrategias de salida a la crisis de empleo.



Agronegocios en rojo


La dureza de la economía real ya comenzó a ser captada por los indicadores de actividad que elaboran las Bolsas de Comercio de Rosario y Santa Fe. Y comienza a agitar las aguas en sectores insospechados de animosidad contra la política oficial. El consejo directivo central de la Federación Agraria Argentina (FAA) sesionó en Rosario el jueves pasado. En el encuentro se expresó la preocupación por la “asfixiante” carga impositiva sobre el sector y un rechazo a la desarticulación del Inta y otros organismos de intervención en economías regionales. Activó además la ronda anual de asambleas distritales, en las cuales, señaló en el comunicado, se debatirán “acciones gremiales” a seguir.

El clima de los agronegocios también se pudo medir en el Agbarometer publicado recientemente por la Universidad Austral, cuyo índice de confianza en el futuro bajó 19 % en el bimestre de mayo y junio. 

Por fuera de los índices, las dificultades financieras de dos empresas emblemáticas de la región, Rizobacter y Bioceres SA, le ponen cara al difícil momento. Ambas son parte de un mismo universo corporativo de vanguardia en la industria biotecnológica local. En junio, la coronación de un intrincado enjuague societario convirtió a la Bioceres local, que hasta hace poco controlaba al holding Bioceres Crop Solutions, que cotiza en el Nasdaq y que comercializa el trigo transgénico desarrollado a partir de descubrimientos de la UNL, en una “sociedad residual” a la cual deberán ir a cobrar los tenedores de los pagarés defaulteados esta semana. Cualquier semejanza con la maraña societaria de Vicentin, que dicho sea de paso esta semana convocó a nueve interesados en el inicio del cram down, es pura coincidencia.

El denominador común, en todo caso, es la crisis que despierta miedos y revuelve alianzas. Como la que tenían muchos de los gobernadores con la administración de Javier Milei, cuyos negociadores económicos no pudieron impedir que llevaran al Senado sus proyectos para cambiar la participación del impuesto a los combustibles y los aportes del Tesoro nacional a las provincias. En el primer caso, hay en juego unos 200 mil millones de pesos para Santa Fe.


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