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Economía

¿Paro del campo o paro opositor? O cada quien jugando para su puchero

La Mesa de Enlace protestó en las rutas con paro de comercialización, recepción a dirigentes de Juntos por el Cambio y un pliego de reclamos demasiado generales. El gobierno respondió como un acto reflejo con las mismas inexactitudes que alimentaron el conflicto. Más que un diálogo de sordos, cada cual juega para su puchero. 

El paro protocolar tuvo su utilidad: sirvió para reunir a un sector de la oposición que encuentra en el campo un suelo donde pisar. Más que una puja económica, en las rutas se observó la puja distributiva de la política. 

Con la inflación de junio en 5,3 por ciento y la de julio marchando por encima del 4 por ciento en las primeras semanas, la preocupación de la sociedad es el potencial desabastecimiento de productos básicos y las dificultades para mantener el umbral mínimo de consumo.

La confrontación entre una cúpula rural alineada con Juntos por el Cambio y un oficialismo encerrado en explicaciones ajenas a la realidad del sector, forma parte del conjunto de factores que enervan aún más la paciencia de los que peor la están pasando. 



La planificación es un sueño eterno


Más allá de la marcada propensión opositora del núcleo duro de la dirigencia rural, los motivos del reclamo exudan una verdad incontrastable. La falta de gasoil impactó de lleno en un escenario de sequía y tensó al límite la base de un sector proveedor neto que solo recibe acusaciones oficiales. 

La actual campaña de trigo asoma como una de las peores en 15 años. La situación en Buenos Aires, la provincia triguera por excelencia, es un indicador alarmante. Las declaraciones oficiales sobre la normalización del aprovisionamiento de combustible no consiguen distender una realidad que ya se picó. 

Entre la cosecha gruesa y el inicio de la siembra del trigo, pasaron tres meses. En ese período el gasoil que necesitan los contratistas y los transportistas saltó casi un 50 por ciento. El descalabro de la planificación es un fenómeno que complicó a todos los actores del entramado productivo. 

El oficialismo insiste con las ganancias extraordinarias obtenidas por la mejora de los términos de intercambio. La hipótesis teórica ignora la realidad pura y dura de la producción. Los costos subieron tanto o más que los precios internacionales. Y ahora que la suba de tasas de la Reserva Federal tira abajo a los commodities, los costos se mantienen y la rentabilidad de los cultivos comienza a peligrar.

La Guía Estratégica para el Agro pronostica para este año un millón de hectáreas menos de trigo que la campaña pasada. En Santa Fe se pasará de 1,32 millones de hectáreas a 1,09 millones de hectáreas. Será la segunda provincia con mayor retroceso, con una caída del 17 por ciento, unas 230 mil menos que en 2021.

El grano es la moneda del agro. Y, por lo tanto, de buena parte del interior del país. Sirve para tasar, para realizar transacciones y, sobre todo, para ahorrar. Ante la imposibilidad de saber a cuánto estará el tipo de cambio ni tener certezas sobre el mantenimiento de las condiciones de comercialización, es preferible conservar un bien que cotiza en dólares. 


Liquidar para estabilizar, o estabilizar para liquidar


El tema de la liquidación de granos resaltó las grietas internas del gobierno. La portavoz presidencial apuntó contra la especulación de los que no venden. Y desde el Ministerio de Agricultura le explicaron que se trata de una práctica habitual del comercio granario, acentuada por las inestabilidades de la coyuntura.

Hacia fines de junio, las industrias y los exportadores compraron 19.507.200 toneladas de soja. En ese lapso, el año pasado el volumen ascendía a 23.673.300. Con una producción de soja en 44 millones de toneladas, el porcentaje comercializado es del 44,3 por ciento. En 2021 llegó al 51,5 por ciento, con una producción de 46 millones de toneladas.

El retraso de las ventas es síntoma de un presente intoxicado de internas que se agudizan con los tiempos electorales. Se trata de vender lo necesario para pagar insumos, labores y alquileres, y guardar el resto para defenderse. Si se pueden anticipar compras, se hace con pesos, que es la moneda que reciben los productores cuando entregan los granos.  

El problema no es la falta de dólares. En la primera mitad del año, las exportadoras liquidaron alrededor de 20 mil millones de dólares. Prácticamente nada pudo ser aprovechado por el Banco Central para reforzar sus reservas. Y la causa, es claro, no se encuentra en el manejo financiero de las empresas agropecuarias.  

El ataque directo entre la cúpula rural y el gobierno deja a la sociedad observando cómo se enardecen los ánimos mientras los desacoples no funcionan, los fondos estabilizadores fracasan y las medidas que se anuncian se diluyen en su aislamiento e inconsistencia. El único puchero que no se atiende es el que come la gente. 



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Autor

  • Hace periodismo desde los 16 años. Fue redactor del periódico agrario SURsuelo y trabajó en diversos medios regionales y nacionales. En Instagram: @lpaulinovich.

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